El Matrimonio Homosexual y la Tensión “nomos” – “fysis”

Nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo”

Simone de Beauvoir

Nos hallamos en un siglo de tensiones opuestas, contradicciones éticas y filosofías que pugnan por imponerse. Los valores metafísicos por los que durante tantos siglos el hombre lucho y en ocasiones murió, empezaron a desvanecerse con el “viejo Sol” platónico. El martillo nietzscheano golpeo sobre el frágil cristal metafísico, haciendo del siglo XX un siglo nihilista.

Lo cierto es que los fragmentos de la filosofía platónica siguen resonando, Whitehead afirmó que “la filosofía occidental no es más que una serie de notas a pie de página de los escritos de Platón”.

Una de las tensiones que marcaron la filosofía es aquella que pregunta sobre qué es por naturaleza (fysis) y que es por convención (nomos). Esta tirantez entre “nomos” y “fysis” es rastreable a los largo de diversos escritos platónicos. Esta pregunta surge de la inquietud por la felicidad, la pregunta es ¿la felicidad es alcanzable por medio de seguir los dictados de la naturaleza o bien por seguir los dictados de una ley convenida por un grupo de humanos que alcanzaron un acuerdo?

Para ilustrar esta tensión quisiera mostrarles una referencia específica tomada del dialogo Gorgias 482e.

En este caso la conversación gira sobre aquello que puede calificarse de bello. La pregunta es “lo bello” es por naturaleza o bien por convención social:

“…Tu Socrates llevas a extremos enojosos la conversación sobre lo que no es bello por naturaleza y sí lo es por ley (convención social).

En la mayor parte de los casos son contrarios entre sí la naturaleza y la ley”

En otros diálogos como en la Republica 358-359 se plantea la cuestión de la justicia bajo la misma inquietud ¿la justicia es por convención o es por naturaleza? Thomas Hobbes defendió la opinión de que la ley y la justicia son también resultado de una convención para evitar que los hombres se destruyan entre sí.

Esta tensión pareciera seguir vigente. Las posturas religiosas sobre algunas cuestiones como la homosexualidad y el matrimonio homosexual, se sustentan bajo la negativa de que dicha práctica no es “natural”.

Son cuestiones actualmente “aporeticas”, es decir, sin salida. La humanidad sigue dividida entre los que piensan que algo es por naturaleza y los que piensan que es por convención.

Lo cierto es que quizás esta tensión se resuelva cuando podamos ser capaces de redefinir la aporía, preguntarnos si cuando hablamos de naturaleza no estamos utilizando algún tipo de convención social.

Redefinir la aporía implicaría volver a posicionarnos en esa antigua pugna, darnos cuenta que a menos que los seres humanos seamos capaces de hacer leyes que abran la posibilidad de naturalizarse con los años, nos exterminaremos a nosotros mismos con la excusa de deshacernos de aquello que no es natural.

El sentido que le damos hoy a lo natural o contra natural tiene mucho hedor religioso y sexista, planteado por una sociedad patriarcal y machista. La problemática antes mencionada, el matrimonio homosexual, es contrariada por aquellos que defienden “lo natural” como si supieran de lo que hablan, aludiendo a las consecuencias que el matrimonio de estas personas tendría en los hijos que adoptarán, sin darse cuenta que todos, absolutamente todos los homosexuales nacieron de una unión heterosexual y de la crianza de por lo menos una persona que también lo es.

¿Seremos lo suficientemente inteligentes para percatarnos de que lo natural es que los humanos convengamos leyes que beneficien a todos con la igualdad? ¿Seremos capaces disolver este nudo deshaciéndonos de tensiones metafísicas que dividen nuestra sociedad? ¿Somos lo suficientemente maduros para despertar del sueño patriarcal en el que estamos sumidos?

 

El Universo Espiritual y el Surgimiento de la Filosofía

La filosofía es la que nos distingue de los salvajes y bárbaros; las naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres.

Rene Descartes

 

La filosofía es hija de la historia. Esto implica que cada época habilitó ciertas condiciones de posibilidad que permitieron el surgimiento de ciertas maneras de concebir y explicar el mundo. Esas condiciones de posibilidad permitieron el surgimiento  de un determinado clima espiritual que impero en un determinado momento.

¿Cuáles fueron las condiciones de posibilidad que permitieron hacer el pasaje desde el mythos al logos? ¿Cuál era el clima espiritual en la polis griega dos mil quinientos años atrás que permitió el surgimiento de la filosofía?

Tiempo antes del surgimiento de Sócrates, siglo V a. C, un grupo de personas en Jonia comenzó a pensar de forma diferente. Aristóteles dice en su libro Metafísica “la mayoría de los primero que filosofaron creen que los únicos principios de todas las cosas son de índole material”. Es muy interesante esta declaración porque nos ubica en el momento preciso cuando comenzó la filosofía, y en qué consistió. Hasta ese momento las explicaciones tenían carácter genealógico y hacían referencia a dioses que a su vez tenían hijos, y así se creaba el mundo, basta con leer algunas porciones de los poetas como Hesiodo para percibir como el mundo tal como lo conocemos, era consecuencia de una pareja de dioses que tenía relaciones y engendraban hijos. Esta forma de explicar es a lo que nos referimos anteriormente con el “Mythos”, narración o bien sistema explicativo de tipo narrativo. Con los Jonios comienza una nueva forma de explicar. Ya no se referirán a genealogías ni a dioses, sino que se utilizaran causas explicativas de tipo argumentativa (logos) para dar cuenta del acontecer.

Este pasaje no fue automático, sino gradual y tuvo que ver con múltiples modificaciones históricas como ser que ya no existía un Anax o Rey supremo que regia sobre todos y que es la última palabra. Este cambio político también habilito que la misma estructura de las ciudades griegas se modificaran: en la época del rey supremo la ciudad se distribuía en torno a un centro que era el palacio real, con el surgimiento de la polis esto cambia: la ciudad se construye en derredor del ágora. Este cambio es muy significativo ya que habla sobre aquello que domina: antes la autoridad del Anax, luego la autoridad del ágora y por ende la del “demo” o pueblo.

¿Qué sucedía en el ágora? El ágora era un espacio público, en este lugar los griego debatían sobre diferentes cuestiones, es el centro del dialogo, esto revela varias cosas. Por un lado en el ágora todos los hombres son iguales, y tienen los mismos derechos para hablar (isegoría), y por otro los mismos derechos ante la ley (isonomía). Esto implicaba que cada uno podía exponer su verdad sin recurrir a un tipo de autoridad suprema o poder, el único poder que adquiere preeminencia es el poder de la palabra, el dialogo abierto. Esto permitió el surgimiento de un cierto grupo de maestros ambulantes llamados sofistas. Estos eran maestros de oratoria. En griego orador se dice rhetor pero también significa político. Por lo que la palabra también adquirió poder en el mundo político, en la asamblea de ciudadanos. Dos políticos debatían en el ágora, luego los ciudadanos que escuchaban, según cuanto se hubieran sentido persuadidos, levantaban la mano más a favor de uno que de otro. Ya no era un dios-rey el que dominaba, ahora era el poder de peitho, la persuasión, la que ejercía el control: La importancia y la preeminencia de la palabra como medio político.

La escritura también surgió modificaciones. En la época micénica del Anax la escritura era un privilegio de pocos, el griego de la época micénica era un tipo de escritura silabaria (conocida como lineal B) donde cada símbolo representaba una silaba. Esta escritura fue modificada por los griegos adoptando un sistema alfabético, donde cada letra representa un sonido. De esta manera aprender a leer solo requería la memorización de una veintena de letras. Esto permitió que cualquiera pudiese leer y escribir. La lectura y la escritura dejo de ser un privilegio de pocos. Esto permitió a nivel político escribir las leyes, releerlas, interpretarlas, reinterpretarlas, debatirlas en el ágora y volverlas a escribir. Las leyes se debatían en el ágora donde todos pueden opinar y conocer lo que se escribió. También permitió que se escribieran los poemas homéricos y periódicos y que surgieran nuevos escritores que exponían en público sus escritos como los sofistas con sus discursos y así puedan ser comentados y debatidos. A esto J. P. Vernant llama carácter de plena publicidad. De Heráclito se sabe que escribió su libro y lo dono al templo, el templo al igual que el ágora era un lugar público y al cual se podía acceder con libertad.

En resumen el espíritu que impera en la polis y que dio como condición de posibilidad el surgimiento de la filosofía es un espíritu de igualdad de derechos para hablar y ante la ley, una preeminencia de la palabra como medio de dominación política y un carácter de plena publicidad.

Reflexiones finales

¿Qué podemos decir de hoy pleno siglo XXI? ¿Qué condiciones de posibilidad existen? ¿Qué espíritu impera en la ciudad o polis moderna?

¿Existe igualdad de derechos para hablar? ¿Tenemos todos los ciudadanos los mismos derechos ante la ley? ¿Hay carácter de plena publicidad? ¿Todos saben leer y escribir?

¿Podemos hablar de isegoria (igualdad para hablar) cuando se sigue reprimiendo la libertad de expresión? ¿Podemos hablar de isegoría en Argentina cuando solo un medio tiene el monopolio de la información? ¿Podemos hablar de isonomía (igualdad de derechos) cuando aquí en Argentina, se sigue discriminando por cuestiones de género, clase social y color de piel? ¿Podemos hablar de igualdad de derechos cuando miles de niños asisten a clase sin haber desayunado y muchos de ellos sin comer por días? ¿Podemos hablar de carácter de plena publicidad cuando muchas personas todavía no pueden acceder a un nivel aceptable de educación y comprensión de texto?

Si la filosofía es hija de la historia me da miedo y curiosidad lo que pueda parir la nuestra.

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Proposito en la Vida y Busqueda de Sentido

“El hombre no tiene que averiguar lo que es, tiene que ser. Pierde el tiempo averiguando lo que es, y no puede averiguarlo porque simultáneamente deja de ser. Ser es sentir, y la única manera de saber lo que uno es, es vivir y ser. No importa que no quede constancia”.

Rodolfo Walsh

Se ha definido a un propósito como una acción “determinada” para llegar a una meta. ¿Es posible que la vida tenga un propósito y un fin propio para la existencia individual? Podríamos decir que como humanos, pasamos de la “filosofía de la subjetividad” a lo fenoménico y de esta nuevamente a la subjetividad (lo que  es y lo que muestra, para regresar a lo que es), lo que podríamos definir como pulsión. De Heidegger a Husserl y viceversa.

Vivimos en la época de la “muerte de Dios” (Nietzsche) pero seguimos teniendo las mismas preguntas existenciales que resolver ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?  Respuestas que proveyó la mitología durante buena parte de la historia, y en algunos sectores cada vez más crecientes lo sigue haciendo, y que sin duda hay que recurrir a ella para saciarlas. La posmodernidad ha dejado al hombre vacío. El existencialismo ha hablado de “angustia” (Kierkegaard) o de  “nausea” (Sartre).  Se construye en Occidente un mundo sin Dios, lo que lo está llevando a su decadencia (Guénon). Por tanto para hallar sentido a la vida tenemos que hacer una proclama: “Dios ha resucitado”; en otras palabras, retornar a la mitología, allí esta Krisna, Cristo, Buda, Zaratustra, Lao-Tsé, los redentores arquetípicos de nuestra vida, allí, en el regreso a ellos está la salvación.

Si meditamos en la naturaleza, podemos ver que todo pareciera tener un propósito, pareciera que todo está allí por alguna razón. Puede ser también una gran casualidad, en todos los casos tenemos que elegir en que creer, y de tomar un posición al respecto depende el encontrar ese sentido tan ansiado a la vida o no. Para la mentalidad mítica las respuestas existenciales están resueltas en el drama de las divinidades, para el hebreo, los avatares de la historia están claros, es la manifestación de un Dios activo. El hombre antiguo sabía para que vivía y por que moría, sus Dioses le daban la réplica. Tal vez hayamos perdido la clave para encontrar las respuestas y las estemos buscando donde no las hay.

Para intuir un sentido, tenemos primero que renunciar a indagar en el propósito de universo en pro de encontrar el sentido último de nuestra propia existencia individual. Si estamos aquí para algo más que cumplir una función biológica (nacer, crecer, reproducirnos, envejecer y morir) nuestra propia historia de vida debe tener un hilo conductor, una guía matriz. ¿Cómo descubrirla? Lo primero que debemos recuperar es la idea de eternidad. Carl Sandburg dijo  “algo me origino que no tiene origen, algo me pondrá fin que no tiene fin”. Si nos vemos como un paréntesis en una línea de eternidad somos participantes de algo mayor, de lo que no tiene fin, y si ese algo tiene un propósito nosotros somos una pequeña parte de él. En otras palabras, nos alineamos. Contemplamos lo infinito dentro de un cuerpo finito, que empieza en la concepción y termina con nuestra muerte pero que tal vez forme parte de un proyecto mayor.

Para encontrar el propósito de nuestra vida Dyer propone un ejercicio de retrospección que lo llama proyección a nuestro pasado. Expone un principio de meditación. Si retrocedemos diez años en nuestra historia personal y nos autoexaminamos, como éramos, que pensábamos, que sentíamos, a quien admirábamos, etc. ¿Cuántas cosas de las vivimos entonces nos llevaron al día de hoy? Una vez hecho esto la consigan es hacer un retroceso diez años más atrás, una y otra vez, y así hasta donde tengamos memoria. Veremos que algunas vivencias fueron absolutamente necesarias, directrices, para llegar al hoy. La idea es descubrir el hilo conductor de nuestras vidas, nuestra misión, que está allí frente a nosotros todo el tiempo y es parte de nuestro ser. Y desde donde estemos orientados, desde lo que seamos, dar, amar y servir. Adquirir conocimiento es morir a la ignorancia, este renacimiento es lo que en Oriente llaman iluminación. Para lo cual la presencia de Dios en el mundo se convertiría en una instancia crucial en la búsqueda de sentido.

Barth, un teólogo del siglo XX fue el iniciador del paradigma posmoderno o posilustrado, quitando al hombre del centro del paisaje y poniéndolo a Dios. Sin embargo Barth hablo de un Dios exterior, supremo y distante. La gran apertura que tuvo Occidente a las ideas religiosas Orientales, hoy hace posible hablar de Dios en cuanto exterior en tanto que interior, para lo cual la búsqueda  de sentido de la vida se puede volver hacia sí mismo en un camino de la indagación profunda. Lo que tendríamos una estructura tipo hegeliana, antropocentrismo (tesis), teocentrismo (antítesis) para terminar en la síntesis del un divinidad inmanente/ trascendente capaz de darle un norte a la vida personal. Tal vez sea este el inicio de una nueva etapa que nos lleve por la vía espiritual, a un retorno a la mitología, a una religiosidad esencial, y a un sentido más pleno de la vida

Colaboración enviada por el Prf. Sergio Füster

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La Mitología Como Representación de las Diversas Crisis de la Vida

En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra.

Eugenio Trias

¿Tienen algo que ver  las crisis que afrontamos durante nuestro ciclo de vida con los dramas tratados en las antiguas mitologías? ¿Es posible que aquellos lejanos relatos sagrados tengan cosas que decile al hombre de hoy? Este mismo interrogante  ya lo había planteado Joyce a lo largo de toda su obra literaria y Borges en su cuento “Los teólogos” expresó que “la historia del mundo debe cumplirse en cada ser humano”.

Podríamos definir a las crisis como un momento decisivo y grave en nuestra existencia que crea un antes y un después, un cambio o período por los que pasa un individuo en una enfermedad (física o psíquica) o a tiempos de desintegración, que conlleva a la posterior etapa del renacimiento. Algo similar planteó Toynbee en el desarrollo filosófico de la historia. Las crisis son algo que rompen con nuestras estructuras de lo cotidiano (catástrofes, un fallecimiento, enfermedad, divorcio, etc.). Hecho que las religiones convocan en los ritos de iniciación traducidos en los distintos sacramentos. Estas ceremonias que se hacen miméticamente equivalen a lo que el individuo realiza durante su vida, cambiar de una condición a otra.

En las estructuras míticas podemos citar a Perséfone y los misterios de Eleusis. Esta debía pasar una metamorfosis durante las diversas estaciones del año para renacer en todo su esplendor. Los ritos de pasaje son símbolos de cambio interior y abren una oportunidad a un nuevo aprendizaje. Joseph Campbell reunió en torno a este trema una exhaustiva documentación con relación a los mitos del viaje del héroe. Plantea que como el héroe de la mitología parte en un viaje en busca de un objeto de gran valor, para regresar de su larga y peligrosa jornada enriquecido.

En la mitología griega aparece el motivo de Jasón, cuenta el relato que por una disciplina es enviado a buscar el Vellocino de oro. Construye un navío con Argo y aquí comienza el viaje de los Argonautas. Después de pasar por diversos peligros, como resistir el encanto de las sirenas, se inicia en los misterios de Samotracia, pelea con piratas, sufre tempestades, entre otras cosas y llega a su meta. Ya cerca de Vellocino, el rey Eetes le impone una prueba, que coloque un yugo a dos toros de pezuña de bronce que además despedían fuego. Una vez hecho esto, Jasón debería trabajar un campo y sembrar dientes de dragón, por este motivo emergieron  huestes de hombres armados que trataron de darle muerte. Pero superadas las pruebas, el rey Eetes se niega a entregarle el Vellocino, finalmente Jasón lo roba y huye con él.

Las dificultades de la vida, que bien lo ejemplifica el arcano XII del tarot, el colgado, son similares al viaje de Jasón, llenos de peligros y dificultades, pero a su regreso obtiene el Vellocino de oro, es decir un nuevo aprendizaje y reconstruye su vida con los pedazos que le quedan. Esta reconstrucción de sí mismo es similar a los mitos cosmogónicos de creación cuando dicen “en el principio” no había nada y a partir de allí comienza el rearmado, dando lugar a una nueva naturaleza y el viajero es maestro de los dos mundos.

Campbell relaciona en otro momento de su obra, el viaje del héroe con los brotes esquizofrénicos (señala la diferencia entre la esquizofrenia patológica y la esencial, similar al viaje del Chaman), como una jornada interior en la que no hay señales ni caminos y al que acuden los demonios del inconsciente, pero los resultados del regreso suelen enriquecer desde el punto de vista de la experiencia. Como la vivencia de Cristo en la pasión, tortura, muerte y resurrección.

Es muy interesante notar que el Dr. Rubia, neurólogo, haga la siguiente observación en su libro “La conexión divina”: “Lo curioso es que estas experiencias (las del viajero a través de la crisis) son muy similares a las descriptas en los textos sagrados de las grandes religiones y en los textos místicos de las civilizaciones antiguas”.

El aprendizaje que nos proporciona una crisis se puede dar en tres niveles A) A través del sufrimiento, cuando el individuo atraviesa la tormenta, B)  a través de los resultados, cuando se logra un aprendizaje sabiendo que todo lo que nos pasa es absolutamente necesario para seguir a una nueva etapa, y C) a través de forjar un propósito para nuestra vida. En una nota futura veremos cómo a partir de ciertos elementos aportados por el psicoanálisis y la filosofía se puede edificar un propósito, una razón  para la vida personal

Colaboración enviada por el Profesor Sergio Füster

El Mito del Progreso y Nuestras Múltiples Carencias

No, permanecer y transcurrir no es perdurar,
no es existir, ni honrar la vida.
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia, sin saber, adormecida.
Merecer la vida no es callar y consentir
tantas injusticias repetidas.
Es una virtud, es dignidad,
y es la actitud de identidad más definida.
Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir honrar la vida
No, permanecer y transcurrir no siempre
quiere sugerir honrar la vida.
Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad enceguecida…
Merecer la vida
es erguirse vertical más allá del mal de las caídas.
Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad la bienvenida.

Eladia Blázquez

¡Cuán arraigada en nuestra cultura esta la idea de progreso! Esa palabra maravillosa que adoptamos al abandonar las filas de las explicaciones teocéntricas, y volver la mirada hacia el espejo devolviendonos en el reflejo, al verdadero Creador y Destructor, al fin y al cabo “el hombre es la medida de todas las cosas”.

Son múltiples las preguntas que se me ocurren al reflexionar en el progreso ¿qué es? ¿quién progresa cuando se progresa? o ¿será más bien que cuando experimentamos progresión en un dominio no nos percatamos de la regresión en otro?

Pienso en el mito de Sísifo, personaje mitológico que fue castigado al igual que Prometeo por utilizar su astucia en contra de los dioses. Según el relato homérico, el fue condenado en el infierno a rodar una piedra por la ladera empinada de una montaña, pero antes de alcanzar la cima, la piedra caía irremediablemente, entonces volvía a empezar. ¿Cuánto tardaba Sísifo en subir la ladera de la montaña? Nadie lo sabe, solo sabemos que sin importar cuanto tardase, tarde o temprano la piedra rodaría otra vez al pie de la ladera, y el tendría que volver a subirla.

Cuando Sisifo sube la ladera experimenta la sensación de progreso, de avance. Albert Camus, dice que el personaje experimenta una breve sensación de libertad en el instante en el cual la piedra llega a la parte mas elevada, se aquieta por un instante, solo para volver a bajar y empezar otra vez.

El progreso remite a una concepción lineal del tiempo, los estoicos en cambio abogaban por una concepción más bien circular bajo la idea del “eterno retorno”, Nietzsche, el ultimo de los estoicos retoma esta idea del “eterno retorno de lo mismo” en el Zaratustra. Bajo esta idea circular del tiempo el progreso es una ilusión, producto de la brevedad de nuestra vida. Sísifo representa a todos los hombres y mujeres a lo largo de la historia que debieron rodar la piedra pesada de la existencia cuesta arriba por la ladera de la vida, pasándola como una posta de las viejas generaciones a las nuevas, sosteniendo la fútil esperanza de que alguna vez llegaremos a la cima y la piedra quedará allí.

Es una metáfora de la inútil existencia a la que nos suscribimos. Durante el rodado de la piedra desarrollamos sistemas, nos tecnologizamos, hicimos inventos para poder sobrellevarla mejor, pero lo cierto es que la condena a que la misma retorne al lugar de comienzo es indiscutible.

Hemos crecido como gigantes en desarrollar el racionalismo y la tecnología, entregándonos un saldo vacio existencial y multiples carencias afectivas. En cambio, permanecimos enanos en el desarrollo de nuestras emociones y en nuestras capacidades de sentir y vibrar con nosotros mismos y con los otros, en su presencia y en su ausencia.

Al igual que una balanza de platillos el peso del progreso tecnológico, racional, comercial e intelectual solo eleva el platillo contrario lleno de nada, vacuo, multiple-carente, propio de una existencia que se limita a existir solo porque la vida se le entrego de manera gratuita.

Sísifo también es una metáfora de la vida de cada hombre y mujer individual, que se levanta un lunes, va a su trabajo, vuelve a su casa, está con su familia unos momentos, cena, se acuesta, duerme, para comenzar otra vez el martes… y así todos los días hasta llegar al momento en que la piedra se detiene por un instante durante el fin de semana, solo para que el lunes vuelva a repetirse el mismo acontecer. En definitiva, si esta vida es todo cuanto hay, entonces no hay nada importante. No es de extrañar que A. Camus hable en esta instancia de la filosofía escondida detrás del suicidio.

¿Qué pasaría si Sísifo decidiese no rodar cuesta arriba su piedra? ¿Qué sucedería si en vez de negarse a hacerlo, decidiese hacerlo en otra dirección?

Si tan solo nos atreviéramos a modificar la dirección de nuestra vida, modificando su sentido, haciendola rodar hacia otros rumbos…

En el mito, pareciera como que el personaje espera con constancia que el problema se soluciones solo, como si de lo único que se trata es de perseverancia, haciendo algo una y otra vez con constancia: “persevera y triunfaras”. No se percata que la locura-como diría A.Einstein- es hacer siempre lo mismo esperando obtener resultados diferentes. Si hace lo que siempre hizo solo obtendrá lo que siempre obtuvo. Aquí reside la remota aspiración mística al milagro. La emoción que impera en nuestra sociedad actual es la resignación, producto de la repetición cíclica y nuestra enseñada perseverancia y constancia en hacer lo mismo, albergando la idílica expectativa de que la piedra quede más tiempo en la cima otorgándonos un descanso levemente más prolongado.

Solo al destruir esa esperanza podemos tomar la decisión de hacer de esa piedra la rueda que nos transporte a otro destino.

Categorías:Vida cotidiana

El Sufrimiento

febrero 19, 2010 6 comentarios

 

¡Qué cosa extraña amigos, parece ser esto que los hombres llaman placer!  ¡Cuán admirablemente esta relacionado con lo que parece ser su contrario, el dolor! No quieren presentarse los dos juntos en el hombre, pero si alguien posee uno de ellos, casi siempre está obligado a poseer también el otro, como si estuviera atado por una sola cabeza, a pesar de ser dos.

Platón, el Fedón

Abordar el tema del sufrimiento, es encarar un tema que más tarde o más temprano nos afectará a todos. Sufrir destapa en los seres humanos su capacidad de reflexión, de formularse preguntas, y de buscar un significado al acontecer. ¿Qué es el sufrir? ¿Cuándo sufrimos? ¿Qué factores incrementan el sufrimiento?

Note que la primera pregunta no dice “qué es el sufrimiento”, sino “qué es sufrir”. Mucho hablamos del sustantivo sufrimiento, pero no nos damos cuenta que deriva de un verbo, y en tanto verbo, es acción. Sufrir implica una parte activa en un juego no consciente entre el dolor y el que sufre. Nada provoca sufrimiento en sí mismo, ningún sufrimiento es inherente. Este factor, es uno de los primeros que debemos reconocer, si sufrir es acción y yo tengo participación activa en dicha acción, entonces puedo disminuir mi sufrimiento o hasta eliminarlo. ¿Dónde esta mi participación en mi sufrir? Para responder a esta pregunta debemos notar como dolor y sufrimiento parecen ser compañeros inseparable, suelen ser términos que se utilizan indistintamente, y esto confunde. Confundir dolor y sufrimiento es mezclar el dominio de lo biológico, con el dominio de lo filosófico. ¿Qué significa esto? Significa que son dominios separados y no consecuentes, cuando me corto un dedo experimento dolor (biológico), pero no sufro. Hay cierto carácter temporal en el sufrimiento, este suele trascender el tiempo y habita en nuestra interpretación de los sucesos y no en los sucesos mismos. Epicteto en su Manual de Vida ya lo expresaba: “No es lo que sucede lo que nos turba, sino la opinión que hacemos de lo que sucede”. En esta frase develamos el acto no conciente que une el dolor con nuestro sufrir: la opinión o interpretación. Revisar nuestras interpretaciones sobre los acontecimiento puede aliviar el padecimiento. Esto también nos muestra que mucho del sufrimiento de la humanidad es evitable.

Ahora bien ¿cuáles son algunas de las opiniones o interpretaciones que añaden sufrimiento al dolor?

Por lo general cuando nos sucede algo que nos provoca sufrimiento nos preguntamos en un tono de exclamación ¿por qué me pasa esto a mi?. Esta pregunta nos muestra que detrás del sufrimiento se esconde la sorpresa el asombro, es este asombro lo que lleva al sufriente a introspectar su reflexión, el asombro es uno de los motores de la filosofía. La sorpresa reside en aquellos factores inesperados que podemos atravesar por la vida: la perdida de un familiar sano, el abandono de nuestra pareja, la perdida del empleo en un memento critico, el diagnóstico de una enfermedad, entre otras, son causa de sufrimiento y del incremento de este. Simone Weil dice: “La parte del alma que se pregunta ¿Por qué se me hace mal? Es la parte de todo ser humano que ha permanecido intacta desde la infancia.

Otro factor que contribuye al sufrimiento es el cierre de posibilidades futuras. Si perdemos el empleo, no solo perdemos la posibilidad de trabajar, también perdemos las vacaciones proyectadas, la compra del auto nuevo que deseábamos, y las comodidades familiares a las que estábamos acostumbrados. El sufrimiento aparece en este caso de la mano del placer, como su contracara. Los estoicos radicales hablaban de eliminar el placer para deshacerse del sufrimiento. Creemos sin embargo, que no es necesario llegar a esta postura. Epicteto  reconoce junto con Aristóteles que existen situaciones que están dentro de nuestro poder (control) y otras que están fueras de este. La sabiduría reside en reconocer cuando algo esta dentro de nuestro poder y actuar, y en los casos en los cuales las cosas no las podemos controlar aceptar con amor fati (amor a los hechos) los acontecimientos. Aun en estos últimas casos hay algo que siempre esta bajo nuestro poder: la forma en que reaccionaremos ante lo acontecido. Estilpón pierde a su mujer, y sus hijos, su ciudad es tomada por asalto y pierde su casa. Demetrio le pregunta si no ha perdido nada. Y el le responde: “todos mis bienes están conmigo”. Elegir como responderemos ante las circunstancias adversas de la vida, los problemas o aflicciones nos libra de gran parte de sufrimiento.

La aceptación de las circunstancias que nos producen sufrimiento no es resignación, la resignación dice “que voy a hacer”, “nada va a cambiar”, “las cosas son así”. La aceptación dice:” algo todavía puedo hacer”, “algo aun puede cambiar”, “las cosas son así, por ahora”.

Aceptar con amor fati es la virtud del valor en su máxima expresión, es erguirnos firmemente y ponerle el pecho al hecho, afrontando con coraje, aprendiendo de estos, haciendo renacer en nosotros un nuevo ser, ya lo decía Nietzsche: lo que no me mata me fortalece.

"Bienvenido al Desierto de lo Real"

febrero 18, 2010 1 comentario

“Lo falso no hace más que intrigar nuestro sentido de lo verdadero; lo más falso que lo falso nos conduce más allá, nos hechiza sin apelación posible. En el mundo real, lo verdadero y lo falso se equilibran, y uno gana lo que pierde el otro. En el movimiento de la seducción (pensemos también en la obra de arte), es como si lo falso resplandeciera con toda la fuerza de lo verdadero. Es como si la ilusión resplandeciera con toda la fuerza de la verdad.”
Jean Baudrillard

Realidad y ficción se confunden, nuestros sentidos dudan, ya no sabemos si lo que vemos esta o no esta allí, al fin y al cabo todo puede ser real o nada puede ser lo que parece.

Muchos están familiarizados con la frase que utilizamos como titulo "Bienvenido al desierto de lo real". Esta se popularizo de la mano de los hermanos Andy y Larry Wachowski, guionistas de la película Matrix. En la escena en que Neo es rescatado, Morpheo le da la bienvenida con la ya mencionada frase. La misma esta tomada del libro Cultura y Simulacro de Jean Baudrillard.

¿Qué es el "desierto de lo real"? No podemos definirlo aunque si interpretarlo. Y esto es lo que ofrezco en este momento, solo una interpretación, una mera opinión.

El desierto de lo real, es la frontera, el horizonte que limita la realidad de lo real. Pero, la realidad y lo real ¿no es lo mismo? No. La realidad es aquello que es real para mí, aquello que experimento y que nadie puede negar, mi experiencia como tal es innegable e intransferible: me dirijo a al refrigerador, tomo una manzana, veo su color rojo, huelo su olor, me la llevo a la boca, la muerdo, percibo su textura y su sabor, la mastico, la trago, siento como pasa por mi garganta… Esa es la realidad, mí experiencia, aquello que nadie puede negar, ¿quién puede decir que no la percibí fría o desabrida, o que para mí tiene un color opaco o brillante? Para mi experiencia  esa es la realidad.

La dimensión de "lo real" en cambio, habilita otro tipo de preguntas, preguntas que invitan a dudar de mi experiencia ¿La manzana que comí estaba ahí? ¿Cómo sé que no fue solo una ilusión o un sueño? ¿La mordí o solo fue un proyección de mi mente?

Platón en su alegoría de la caverna, muestra esta distinción entre "lo real y la realidad", al menos en parte. En el mito, deja entrever que la realidad es un reflejo de lo real". Aquí vamos mas allá, "el desierto de lo real" es justamente lo contrario, no existe un reflejo, una proyección, toda la realidad es una construcción original pues "lo real" como tal "está desierto", es desolado, en el solo habitan espejismos.

Ahora bien, muchos quizás al pensar en estas frases se cuestione que al fin y al cabo todos percibimos lo mismo, y que esto es suficiente lógica para afirmar una realidad fuera de nosotros, es decir "lo real". Lo cierto es que el que todos veamos lo mismo solo habla de nuestra "realidad compartida", construida en la trama social que vivimos.

¿Cómo construimos la realidad compartida en la que habitamos? Antes de responder a esta pregunta pensemos en lo siguiente : ¿La construimos o nos la construyen? ¿Será posible que de alguna forma estemos viviendo una realidad construida por otros? En ese caso ¿Por quiénes? La construcción de la realidad es poder, entonces ¿Quiénes tienen el poder para hacernos ver la realidad "inter-objetiva" que vemos? ¿Qué sucedería si dejamos de llevarnos por la realidad que nos muestran los medios?

No podemos desconectarnos de la trama inter-objetiva en la que existimos, pero sí podemos elegir la realidad en la cual viviremos.

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